TERTULIA.
29 mayo 2024 La dama del museo
de Pablo Poveda.
Lamentando la ausencia de Alba y Paloma, nos reunimos
de nuevo en El Pando. La sensación de que el viaje a Infantes había estado
gafado desde un principio se acentuó cuando nos contó Olga que no podría
haberse hecho de ninguna manera porque el sábado 18, día fijado para la reunión,
ella se encontraba fatal, sin poder moverse de casa.
Fue como una serie de calamidades, de las que solo se
libraron los dos chicos, Jose y Emilio que son los únicos que se encontraban
sin ningún impedimento ni familiar ni de salud para el viaje. Y por supuesto el
anfitrión José Carlos, al que emplazamos para que siga manteniendo su
invitación para el otoño próximo.
La dama del museo
de Pablo Poveda.
Una vez hechos los saludos de todas, y alegrándonos
por vernos nuevamente después del fallido viaje, nos preparamos para el
comentario del libro, que esta vez ha sido ligero de páginas.
Comienza el comentario Francisca. Constata la
escritura de un narrador en primera persona. En este caso un periodista con
vocación detectivesca.
Al igual que todos, tuvo que leerlo dos veces porque
no se aclaraba de quién era quién y qué era lo que se perseguía.
Luego le pareció de lectura fácil pero confuso. Le
gustó que mencionara el Madrid conocido desde la puerta de Alcalá, a los bares
de Malasaña, o del centro, como La Dolores. Alicante se supone que esta
descrito de la misma forma atendiendo a la exactitud urbanística, sin
pretensiones literarias.
En general le resultó entretenido sin grandes
complicaciones.
Jose nos informa que, aunque parezca el libro de un
principiante, éste corresponde a una saga de 7 libros del mismo periodista,
ninguno de los cuales está en bibliotecas, cosa que nos sorprende.
Para Emilio, nada de lo que se cuenta es realista.
Todo está forzado. Cuesta entender a los personajes, sobre todo los que son o
han sido policías. La relación del protagonista con su pareja, personaje
insignificante en la novela, adquiere un gran protagonismo cuando la intentan
matar, sin que los lectores sepamos porqué.
Alguien de los tertulianos mencionó la palabra clave:
peliculero. Y ahí caímos en que efectivamente lo que habíamos leído tenía más
relación con las películas que con la literatura.
El único personaje de carne y hueso que aparece es la
joven periodista, becaria mal pagada y minusvalorada en el periódico, que
todavía mantiene su fe en la verdad y en la importancia del periodismo, Beatriz
Balcones.
Trini llama la atención sobre los apellidos de algunos
personajes, Balcones, Ramos, Pincel, León, Rojo, Muelle, etc. Es posible que
guarden alguna relación con su personalidad o las tareas a las que se dedican.
También puede haber un conato de realismo en las
relaciones de la prensa con el poder, representadas en la llamada que recibe el
director para que no se publique nada de lo relacionado con el robo de cuadros
y el asesinato en el museo.
Lo más teatral, entre toda la falta de verosimilitud
de los hechos, es el gran dolor que el protagonista siente por el atentado
contra su pareja. Se deshace en palabras para explicar su amor por ella y el
miedo a su muerte, sin conseguir conmovernos en ningún momento. Suena a guion
teatral. Solo le falta gesticular. Ni siquiera hay un monologo interior de la
persona sino una serie de palabras que si se acompañaran de gestos parecerían
más esperpento de Valle Inclán que reflejo de sufrimiento íntimo.
Al final, las tertulianas, después de releer el libro
nos enteramos más o menos de la trama. Se trataba de que se estaban robando
obras de arte y sustituyéndolas por falsificaciones. El muerto del museo quiso
reponer otra vez los originales y por eso lo matan.
Hay una reflexión muy acertada de lo poco que les importa
a los turistas si es auténtico o no lo que van a ver, pues solo piensan en el
selfi.
Nos quedamos sin enterarnos de lo que pinta Dana León,
y algún otro personaje, y sorprendidos como un helicóptero recoge a la Dana o
Diana y a su madre la tal Eme, y subiéndolas por encima de los mortales a
cualquier sitio ignoto como si de 007 se tratase las perdemos en el relato.
Jose nos cuenta el robo de arte más importante de la
historia ocurrido en un museo de Boston, cuyos cuadros jamás se han recuperado
ni encontrado a sus autores.
Una vez llegados a este punto, y propuestos ya las
novelas para la próxima reunión, la tertulia se dividió en corrillos, de comentarios
diversos.
Mientras en el otro grupo hablaban, supongo, de temas
de actualidad, Francisca y yo seguimos con la novela y llegamos a la conclusión
que no está escrita como obra literaria sino como un guion de serie televisiva.
A esta conclusión nos llevaron los siguientes datos, que ya se habían esbozado
en la tertulia, pero nosotras recopilamos:
-
*El hecho de que
no esté en ninguna biblioteca, ni ésta ni las seis restantes, sólo puede ser
por deseo expreso del autor.
-
*La aparición de
personajes sin ninguna profundidad sicológica y sin definir su función junto al
protagonista.
- *La descripción de
Madrid y la de Alicante, más parecen descripciones de guía turística que de
impresiones personales en consonancia con la acción.
- *La figura del
protagonista, dando mamporrazos como un profesional de lucha, más que la de un
periodista en busca de trabajo.
- *La trama está más
centrada en buscar la sorpresa y la vuelta de tuerca que en la verosimilitud de
las acciones y la sicología de los personajes. El final con helicóptero
recogiendo a “las malas” es del estilo James Bond puro. Totalmente de serie de
Neflix.
Después de la propuesta y la votación de las obras
para leer de José Luis Sampedro, se eligen El Rio que nos lleva
y Los mongoles de Bagdad. Elegimos dos porque decidimos que dado
el calor que hace y la dispersión de todos los tertulianos con la llegada del
verano es mejor que dejemos la próxima reunión para septiembre.
Terminamos
nuestro vino y felicitándonos por haber llegado a este punto nos despedimos
hasta el 18 de septiembre, miércoles, deseando que estemos todas sanas y
alegres.
FELIZ
VERANO ¡¡!!







