TERTULIA. 17
de septiembre de 2025. Vagabundo en África de Javier Reverte y La
brecha de Toti Martínez de Leaza
Con la alegría de vernos nuevamente, nos encontramos en el
Pando con Francisca y Trini. Las dos ya en animada charla. ¡Y es que hay tantas
cosas que contar después de los dos meses de verano, que no de vacaciones!,
como puntualizó Trini. Se incorporan momentos después Alba y Emilio. Y luego lo
hará Paloma. En esta alegría colectiva, llena de rostros felices, solo falta
Olga, que no pudo venir. Esperamos que la visita al dentista para operar a su
hija haya resultado bien.
Después de un rato de animada charla sobre los avatares
veraniegos y de congratularnos todas por la pequeña liberación que supone para
los que son abuelas y abuelos liberarse, como digo, de la pequeña “tiranía” que
supone el cuidado de los nietos, nos disponemos a entrar en materia.
VAGABUNDO
EN AFRICA, de Javier Reverte (no confundir con el otro impresentable).
Comienza Emilio, haciéndonos un resumen del libro desde las
primeras páginas en donde relata la historia de África, hasta la vuelta a la
capital para coger el avión por no haber podido terminar su recorrido por el río
Congo por razones de seguridad, dado todos los hechos violentos que tienen
lugar en esos territorios.
Francisca menciona la película de los 80, Apocalipsis Now,
con Marlon Brando de protagonista recreando justamente la novela “El corazón
de las tinieblas” y situándola en la guerra de Vietnam. La película tuvo un
gran impacto en su época y esa recreación de la novela de Joseph Conrad solo la
percibieron los que previamente habían leído el libro, como Francisca. Los demás
nos quedamos con la impresión de una magnifica obra de cine.
Las referencias a Joseph Conrad van a ser continuas en la
novela de Reverte. Por algo Floro nos las recomendó juntas. Consejo que ha
seguido Paloma Álvarez. Ha vuelto a leer El corazón de las tinieblas y
le ha impresionado. Aquí la retroalimentación de los comentarios de Reverte
relacionando su viaje con el de Conrad ha sido imprescindible, para que Paloma
sintiera las mismas sensaciones en uno y otro libro, bastante angustiosas, creí
entender.
El viaje del escritor comienza en Ciudad del Cabo y recorre
tres países antes de embarcarse en el recorrido del rio Congo. Jose nos explica
el porqué de este largo periplo: el escritor quiso seguir las rutas que habían
llevado los exploradores -opresores colonialistas blancos- en el progresivo
dominio del territorio africano.
Reverte es un escritor fundamental para conocer la tan
ignorada historia de África, no se estudiada en ninguna asignatura, ni siquiera
por los licenciados en historia como somos varios de los integrantes de la
tertulia. Así todas nos enteramos del tal Cecil Rhodes, que dio nombre a
Rodesia, hoy dividida en varios países (Zambia y Zimbabue), supremacista
convencido de la superioridad blanca y creador del apartheid más salvaje, tanto
en la antigua Rodesia como en Sudáfrica. También conocemos la historia de los
boers, holandeses fanáticos y también supremacistas, forofos de la Biblia y
del fusil que a pesar de perder las guerras coloniales, se terminan aliando con
los blancos de Rodhes para seguir esclavizando a los negros.
Trini llama la atención de algo que se repite en el libro,
que es con que facilidad los oprimidos se convierten en opresores, en cuanto
cambian las tornas.
A pesar de todo el horror, la misera, la corrupción y la
delincuencia, el viajero encuentra gente honesta que le ayuda en su itinerario.
El embajador español en el Congo es una figura clave sin la cual no hubiera
podido continuar. Así mismo los amigos que se va echando y le acompañan sobre
todo en su navegar por el rio, le son indispensables.
Una persona, que aparece muy poco pero que deja huella en los
lectores es el sacerdote, de no se sabe que congregación, que intenta paliar o
socorrer a las personas en miseria extrema que son casi todas las que le
rodean. Les lleva un cierto consuelo y ayuda en lo que puede, vencido por la
impotencia de no poder hacer más.
La visión que da Reverte de África es totalmente pesimista.
No se puede ignorar una brutalidad que raya en el salvajismo, en la mayoría de
zonas visitadas. La ciudad de Kinsasa, al igual que las otras visitadas, son de
tal peligrosidad que no se puede andar por sus miserables calles, ni en pleno día.
Los odios entre tutsis y hutus siguen ensuciando la convivencia de toda la
zona, Congo incluido. El robo, el asesinato, la extorsión sistemática a
cualquier blanco que aparezca en la zona, la impunidad de los hombres con
uniforme, etc., dejan un poso amargo en el lector.
La última parte del libro en forma de diario es el recorrido
de una parte del rio Congo donde intenta emular el viaje del autor de El
Corazón de las tinieblas. Francisca nos lee un fragmento en el que Reverte
expresa ese deseo y por eso ha llegado al sitio de donde parte la expedición.
Al mismo tiempo, Reverte menciona a varios escritores que
estuvieron por la misma zona, unos racistas, como un tal Haggard, autor de Las
minas del rey Salomón, llevada con éxito al cine; Rudyard Kipling, que
contra todo pronóstico era racista inmisericorde; y su contrapunto, un Mark Twain
humanista e igualitario. También anduvieron por ahí los franceses André Gide y André
Malraux, cada uno dando sus impresiones sobre el África negra.
Una vez introducido en el rio Congo, el relato se vuelve más
literario. La inmensidad de la selva, la naturaleza exuberante, la inquietud de
adentrarse en terreno desconocido, la intuición de peligros inminentes, todo
descrito con tal intensidad que los lectores pueden llegar a sentir la misma
incertidumbre que refleja el escritor.
Se comentó entre las tertulianas que mientras en otros libros
Reverte no menciona a su familia (recordemos que hemos leído el Viaje a
China), en este hay momentos en que echa de menos a su mujer y sus hijos y
teme no volver a verlos. Tal vez en ningún sitio haya estado tan cerca de que
lo asesinaran como en ese lugar donde impera el salvajismo más extremo.
Paloma Álvarez pertenece a un grupo de cinéfilas al que
pertenece la mujer de Reverte, ahora ya viuda, y con la que sigue
relacionándose. El escritor murió en 2020, con 80 años, por lo que dedujimos
que en este viaje a África tendría unos 60. Corregirme si me equivoco.
Lo sorprendente es que a pesar de la miseria que lo rodea, la
inhumanidad, el abuso, la maldad en toda su cruda realidad, su deseo de hacer
el viaje por el rio Congo, al igual que Conrad, es más fuerte que todos estos
impedimentos. Llega a un punto en su viaje por rio, después de haber pasado una
tormenta, una extorsión, una amenaza de muerte… que sus amigos y compañeros que
tanto le han ayudado, le aconsejan que se vuelva a su país. Nadie puede hacerse
cargo de su protección desde ese momento.
Decide volverse y con gran dolor se despide de todos los amigos que había hecho en la travesía. También baja a despedirse de las gentes de las barcazas que habían acompañado al barco grande vendiéndole y suministrándole una serie de productos tan necesarios para la supervivencia de los viajeros. Para los habitantes de las barcazas venderlos era su único medio de vida. Es conmovedor todo el cariño que recibe de esta gente tan humilde.
El rio, cual reptil que había ofrecido su mejor cara al
comienzo, se convierte en un ente hostil y peligroso conforme se adentra en la
espesura de la selva. Una naturaleza salvaje es descrita por el escritor, que
queda absorto por la belleza de las noches de lunas resplandecientes que
observa desde el barco.
Hasta el último momento de su regreso a Kinsasa y la toma del
avión que lo sacará de ahí, el autor se encuentra en peligro. Los intentos de
robo, extorsión, engaños y violencia de los soldados, son continuos. Hasta que
por fin coge el avión y podemos respirar los lectores.
Nadie pone en duda que este sea un buen libro. Terrible, como
lo es la realidad de África. Al igual que al escritor, a los lectores nos salva
la cultura y la idea de que estamos leyendo un buen relato, de una gran
aventura. Pero la sensación amarga de haber visto un continente donde impera la
barbarie, muy explicable por cuestiones económicas y políticas que no viene al
caso analizar, queda como poso en la mente de todos.
Se podría hablar más y comentar posibilidades de progreso o
de retroceso en la historia de estos países, tan semejantes en cuestiones de
guerra, salvajismo, inhumanidad, opresión y todos los males del apocalipsis,
pero excedería lo que es una tertulia de literatura. Eso si os digo: a mí no me
busquéis por allí.
LA BRECHA de Toti Martínez de Leaza
Obra de lectura más sencilla que la anterior. Siempre es
agradable de leer esta novelista especializada en temas vascos que como
historiadora siempre recomiendo porque se basa en hechos reales y muy bien
investigados. Por supuesto los personajes son recreación literaria.
Debisteis hablar todas y todos a un tiempo, porque tengo unas
cuantas notas dispersas, sin especificar quien dice nada, mezclando al periodista
Marc Giró con el duque de Wellington y el chocolate con los judíos. Así que voy
a ver si recoloco este batiburrillo de palabras y les doy algún sentido.
En principio, las mujeres siempre están presentes en los
relatos de Toti, normalmente como protagonistas. Aquí no podía ser menos y la
madre y la hija, Maritxu y Marina, dueñas de la Casa de la Chocolatería son las
que llevan la unidad del relato.
Los valores extraliterarios de la novela se ponen de
manifiesto cuando los lectores nos enteramos de cómo los ejércitos de ingleses
y portugueses, capitaneados por duque de Wellington, al que la historiografía
española consideró un libertador, no eran sino una panda de crueles mercenarios
ávidos de botín y sedientos de sangre. Unas hordas que cayeron sobre la
población indefensa de San Sebastián, devastando la ciudad y masacrando a sus
habitantes, barbarie que no habían hecho los franceses en los años de invasión.
La ingratitud del oficial inglés ayudado por Marutxa cuando
cae herido, el enamorado de su hija Marina, es el ejemplo de la ingratitud y el
clasismo anglosajón. La noche terrible del asalto de estos supuestos aliados y
defensores de España, está narrada con todo el dramatismo que se merece.
Alrededor de este hecho histórico de 1813 se mueven los personajes de ficción,
redondos en su configuración sicológica hecha de cada uno. Las dos mujeres,
madre e hija, son dueñas de la chocolatería establecimiento fundamental de
encuentro de todos los ciudadanos de una ciudad de San Sebastián pacífica y
confiada.
La brutalidad del asalto, cuya peor parte como siempre se la llevaron las mujeres, jóvenes, niñas y ancianas, y donde los bestias ingleses y portugueses no dejaron piedra sobre piedra, con la complicidad de sus oficiales, contrasta con la voluntad férrea de los superviviente de volver a construirla.
La historia de amor de Joaquín y Maritxu, dota al relato de
una cierta dulzura; así como el amor materno que saca a la joven Marina de la
inconsciencia, y cómo entre todos tienen fuerza para proteger al niño fruto de
la violación, en paralelo con el renacer de la ciudad. Una cierta justicia
poética y de complicidades ciudadanas evita que más tarde el niño sea arrancado
del lado de su madre por un padre indigno, representante de esa clase que se
autodenomina noble.
Está muy documentada la llegada del chocolate a San Sebastián.
Como se sabe el chocolate se cultivó en las Antillas y parece ser que fueron
judíos expulsados de Barcelona los que llegaron a la ciudad francesa de Bayona
y empezaron a elaborarlo como bebida. De ahí pasó a San Sebastián, donde llegarían
los cargamentos de cacao de América. De todo esto, alguien de la tertulia
habría sacado la información que yo aquí transcribo.
Bueno hasta aquí el resumen-comentario de los libros leídos.
No sé cómo salió a relucir la ciudad de León y la posibilidad
de algún viaje allí. Quizá por la propuesta de lectura del libro Barrio húmedo.
La idea sigue abierta y la iremos concretando.
Los libros para la próxima reunión son: La taberna de
Silos, de Lorenzo G. Acebedo y El café de la juventud perdida
de Patrick Modiano. Los dos son cortitos.
Entre los libros propuestos que se rechazaron estaban dos
clásicos de la literatura como son: La taberna de Emilio Zola, y La
Fontana de Oro de Pérez Galdós. El primero no lo he leído. Pero el segundo,
La Fontana… es uno de mis preferidos y de mi autor preferido que es
Galdós. Si tenéis tiempo nunca está mal echar un vistazo a una de las obras más
significativas de este autor. Aunque sea del siglo XIX no se hace pesada.
La próxima reunión tendrá lugar el día 29 de octubre. Ya veremos si en el Pando pues no
me gustó nada la actitud del personal: el frio que hacía, la escasez de las
raciones, la subida de precio, y para colmo el tonto del camarero que no supo
hacernos la foto de grupo. Menos mal que tenemos los selfis de Jose.
















