TERTULIA
LITERARIA. 22 de abril de 2026. LA TREGUA de Mario Benedetti. EL PARAISO EN LA
OTRA ESQUINA. Mario Vargas Llosa 
Reunidos nuevamente en el Pando. Había
pasado más de un mes que no lo hacíamos y ya se nos hacía largo. La desgracia
de Trini le impide acudir a la reunión, cosa que comprendemos y también
lamentamos. ¡Te hemos echado de menos, compañera!
Las primeras esta vez fueron Francisca y Alba.
Nos recibe la sonrisa de una nueva camarera de rostro simpático y trato afable.
Nos sorprende gratamente su disposición. Van llegando los otros componentes,
Olga y Emilio. Paloma nos dice que llegará un poco más tarde.
Entendemos que la lectura debe ser algo
agradable, sin imposiciones, y que se debe disfrutar de lo que se hace. Por
tanto, es comprensible que algunas personas no hayan podido leer los dos
libros. Unas por problemas de tiempo y otra, Alba, por problemas en los ojos.
También sabemos que, aún con algún libro sin leer, los comentarios de las
compañeras son estimulantes y suplen esta carencia.
LA
TREGUA de Mario
Benedetti.
La historia del enamoramiento de un anodino
funcionario uruguayo, próximo a su jubilación, se convierte en material
literario en manos de un genial Benedetti. Porque genial escritor hay que ser
para dar interés a una historia que narrada por otros no pasaría de ser una
simpleza cutre.
Hay muchas cosas que nos han llamado la
atención. (NOTA: Hablaré siempre en plural pues, al contrario de lo que había
percibido Alba, “hoy nos hemos portado muy bien” que me dijo, realmente todas y
todos los integrantes hablaban sin que nadie en ningún momento pidiera la
palabra. Como siempre nos cortábamos unos a otros cuando nos parecía bien, y os
vi tan emocionados que no quise intervenir en ningún momento. Si bien hay que
destacar una cosa positiva que otras veces interrumpe mucho la comunicación y
esta vez no ocurrió, y es que NO SE HICIERON CORRILLOS. Todxs escuchábamos a
quien hablaba, aunque en algún momento le interrumpiéramos. Esto es muy
positivo). Bueno sigo con el comentario de la novela de Benedetti.
A parte de los valores literarios, a todas nos
había llamado la atención la jubilación del protagonista Martín a los 50 años.
Esto era un dato concreto del Uruguay del año 1959. ¡Y los europeos creyéndonos
el eje del mundo en asuntos de nivel de vida!
Como he dicho los hechos transcurren en
Uruguay, patria del escritor en ese año, aunque la novela fue escrita después.
Las opiniones iniciales son sobre el protagonista-narrador,
ya que el libro está escrito en primera persona a modo de diario, donde en los
primeros capítulos narra la monotonía del trabajo y la falta de perspectivas
vitales en su jubilación. Viudo, con unos hijos mayores, cada uno en su mundo,
y con un entorno social bastante escaso, tampoco es que vea una vida color de
rosa. Aunque por nada del mundo seguiría en un trabajo con el que cumple
religiosamente pero que tampoco le gusta.
Se incorporó a la tertulia en estos momentos
Paloma. El metro se había retrasado por la gran afluencia de gente que está
llenando metros a todas horas debido a las obras que esta IDA está acometiendo
en Madrid. Para mayor problema del viaje ocurrió un suceso donde se junta la
picaresca, la delincuencia común y el racismo.
Ocurrió que un hombre se dio cuenta que le
habían robado el móvil. Sin pensarlo dos veces enganchó a un niño morenito de
aproximadamente 10 años que estaba cerca acusándole de haber sido él. El niño
proclamaba su inocencia, pero el individuo, en su registro del cuerpo y ropa
del niño, casi lo pone boca abajo.
Paloma se vio obligada a intervenir, afeándole
la conducta y para que dejara en paz al chaval, del que no tenía ninguna prueba
que hubiera sido el ladrón. La cosa terminó cuando Paloma llegó a Atocha, pero
llegando un poco, alterada e indignada a la reunión.
Poco a poco, entre todos hicimos que se le
pasara el sofoco y enseguida se puso a participar en la tertulia, hablando de
su admirado Benedetti.
Bueno, sigo, que como meta otro suceso en el
resumen, me va a salir otro relato distinto que da mucho para poder comentar.
Estamos con el protagonista Martín Santomé
relatando, en una especie de diario, su vida sin nada importante que reseñar.
Pero un día llegan a la oficina personas jóvenes entre las que se encuentra una
joven de 24 años, Laura Avellaneda, coprotagonista de la novela, dulce, tímida
y muy trabajadora, de la que termina enamorándose.
Es este proceso de enamoramiento de este
hombre maduro, jubilado, un tanto aburrido, en el que Benedetti se centra,
convirtiéndolo en un prodigio literario.
Para reflejar el proceso por el que pasan
ambos, Avellaneda, toma en algún capitulo, la narración en primera persona.
Incluso hay una introducción de la segunda persona, elemento muy difícil,
cuando toma un amigo la narración de los consejos que se le pueden dar a un
señor en esa situación.
Ambos se enamoran y hacen porque esta
situación no sea catalogada como el clásico rollo de oficina: el superior
seduciendo a la empleada joven y ésta aceptándolo para conseguir un puesto
mejor. De eso ya tienen un ejemplo en la oficina, con el guapito y chulito, que
está enrollado con la hija del dueño. Aún en este caso Benedetti da un giro de
tuerca a la generalidad -no es la chica joven con el dueño, sino el jovencito
con la dueña, que al final lo larga, con gran choteo de todos: ¡cosas de
oficina!
Toda la narración nos cuenta de forma verosímil la vida de Martín: su viudedad, la falta de relaciones afectivas
con los hijos a los que ha criado solo, la oficina, los amigos fieles como Aníbal
y algunos otros pelmas, la oficina, los oficinistas… en fin, ¡la vida misma! La
magia está en el amor, impensable para el protagonista unos meses antes e
impensable para Avellaneda por enamorarse de esa persona tan mayor a ella.
Aparece en el relato el problema de la
homosexualidad, representado por su hijo mayor que odia a un padre, que no le
comprende. Estamos en 1959, la homosexualidad era considerada una enfermedad o
una aberración. Aun así, el padre lo quiere. Dentro de la desgracia que era en
una familia tener a un homosexual, no se ve un rechazo de su padre.
Surgen también los celos y el miedo a perder a
Avellaneda que se pueda enamorar de otra persona más joven y que lo deje a él… El
momento está tan bien expresado que recuerda a Lope de Vega en el último verso
de ese poema que termina así: Esto es amor, el que lo sintió lo sabe.
(Comentario introducido por la que escribe y que no se dijo en la reunión)
No hay descripciones detalladas ni sin
detallar, de personajes, paisajes o zonas urbanas. El lenguaje se limita a
señalar los nombres de los personajes y de los sitios a los que va. Así el
relato se centra en las dos personas enamoradas, en sus sentimientos y también
en las actuaciones de las personas de su entorno, hijos, amigos, compañeros,
aunque bastante escasos.
No estaba preparado el lector para el fin
trágico y de forma tan abrupta de esta historia. Pero la maestría del escritor
hace que esta tragedia sea contada de una forma tan cotidiana que cuando se
reacciona ya ha pasado todo. ¿Hay algo más normal que un catarro con tos
fuerte, que te obliga a meterte en la cama en casa?, ¿y que al día siguiente no
vayas al trabajo? Lo anormal es cuando en varios días no se sabe nada. Pero sin
presentir la presencia de la muerte, que no el fallecimiento, en ese juego de
palabras y comparaciones que hace el autor. Hasta el golpe final: la muerte
Durante casi un año hemos sabido la vida del
protagonista, Martín Santomé, contada por él. Su idilio con Laura Avellaneda ha
durado seis meses y eso le ha supuesto LA TREGUA en una vida que iba a
desarrollarse igual de aburrida que los meses anteriores, si no hubiera llegado
ese amor a su vida. Ese espacio de tiempo es lo que da nombre a esta novela.
EL
PARAISO EN LA OTRA ESQUINA
de Mario Vargas Llosa.
En esta novela había tanto que decir que sí
que me fue difícil coger apuntes. Todas y todos queríamos hablar y al mismo
tiempo. Claro que los personajes eran impresionantes y sus vidas muy peculiares
y dignas de ser relatadas. Por cuestiones morales, que no literarias, nos
inclinamos más hacia la de Flora Tristán, prodigio de fuerza y valor.
La novela se estructura en capítulos en
paralelo, donde nos va contando la vida de ambos protagonistas de forma
alternativa. Ambas personas estuvieron unidas por relaciones de abuela y nieto,
pero nunca se llegaron a conocer ni a ejercer ninguna influencia una sobre el
otro.
La biografía de Flora Tristán es tan espléndida
y tan bien narrada que no deja de impresionar a los lectores de hoy en día.
Todos los datos aportados por el autor de uno
y otra protagonista son ciertos por lo que la novela resulta una fuente fiable
y amena para conocer la vida de los dos protagonistas.
Las ideas revolucionarias y sus líderes
posteriores a Flora Tristán palidecen ante la energía de esta mujer que con una
situación económica muy precaria, salvo en algún periodo de su vida, con unas
enfermedades y dolores físicos que la atormentaban continuamente, con una
ignorancia en su infancia y juventud cercana al analfabetismo, fue capaz de
aprender a leer y aprovechar las ideas de los socialistas utópicos para
escribir libros hablando de sus vivencias en Perú, Londres, o Paris, y para analizar
los fundamentos de una nueva sociedad basándose en las ideas de esos primeros
socialistas, y poder escribir, imprimir y difundir sus ideas con la elaboración
de su revista “Unión Obrera”. No cejó nunca en su empeño de crear un
mundo mejor.
Por su parte Gauguin, persiguió un ideal muy
distinto. La felicidad para él no se conseguiría en la civilización burguesa
sino volviendo a un pasado salvaje e idílico que él quiso encontrar en las
islas de Polinesia y llevarlo a su arte.
A través de uno y otro, el autor narra en
tercera persona la vida y la sociedad de ese siglo XIX, si bien mete de forma
muy inteligente la segunda persona en los capítulos de Flora Tristán: en
expresiones, “¿Te acuerdas Florita?”, o bien con las terminaciones, “Pero
eso tú no lo sabias, Andaluza”.
En ambas biografías utiliza el flashback
para hacer más intrigante la historia y romper la monotonía de un relato
lineal.
En los capítulos de Flora están narrados sus
viajes, sus experiencias y esa observación sobre la injusticia y los abusos de los
ricos sobre los pobres que se dio en el siglo XIX y que ella comprobó in
situ, incluso que por ser mujer, esposa y pobre tuvo que sufrir en sus
carnes.
Esa injusticia la empujó a no quedarse en la
vida acomodaticia y fácil de Arequipa sino a intentar difundir sus ideas para
hacer un mundo mejor: ahí la tenemos en reuniones con obreros analfabetos, con
burgueses maleducados, con chulos prepotentes que fingían ser fourieristas y
con toda una seria de personajes y personajillos entre los que se tuvo que
desenvolver, intentar convencerlos y dejar células socialistas con socios y
vender su revistilla de la Unión Obrera a gente que no le llegaba el
dinero para comer. Y por supuesto, y no lo menos importante, proclamar la
libertad y la igualdad de la mujer con el hombre. La revolución vendría de la
unión de mujeres y proletarios¡! Ahí es nada¡! Lo siento chicas, pero me quedo
sin palabras.
En paralelo, su nieto Gauguin, también buscó
el paraíso lejos del mundo en el que vivía. Pero mientras Flora quiso convertir
el mundo en el que vivía en un paraíso y a eso dedicó todas sus fuerzas,
Gauguin lo busco lejos de la civilización, porque según él ese paraíso ya había
existido en el mundo sin civilizar de islas lejanas. Una fantasía de artista
que le impulsó a pintar sus mejores obras en Tahití o las islas Marquesas.
El autor toca todos los aspectos de ambos personajes.
El tema de la sexualidad está presente en ambos. En Flora mujer violada y
maltratada por un marido culpable principal de su mala salud, con la bala
alojada en su pecho, es de rechazo total a las relaciones hetero, mientras goza
con el amor de su amante Olimpia. Amor al que renuncia para que nada se oponga
a su labor de hacer un mundo mejor para todos. La utopía, que existe desde
Tomás Moro, pasando por los socialistas utópicos, por el comunismo y el
anarquismo … (Esto son divagaciones de la que suscribe, que a veces se le va la
olla)
Vuelvo al tema. La sexualidad brutal de
Gauguin, buscando niñas en sus viajes, con su sífilis galopante, “la
enfermedad que no se menciona”, y su deseo de libertad, de borrar las
barreras, con la defensa de esos hombre-mujer que existen en esos territorios
lejanos y que son perfectamente asimilados por los indígenas.
Ambos son personas que tienen la salud muy
dañada y llevan su sufrimiento físico como pueden. Para Flora la fuerza de su
espíritu luchador la mantiene. A Gauguin serán el alcohol y las drogas.
Algún tertuliano, mencionó a Víctor Hugo y los
folletines del XIX. Y efectivamente en los capítulos correspondientes, los
impares, a Flora Tristán, se puede apreciar técnicas narrativas propias del realismo
decimonónico, como son las descripciones de los ambientes obreros, la misera de
las zonas de prostitución de Londres, la estulticia de abogados y jueces contra
las mujeres, ...
Anotación
de la que escribe: ya que el relato
habla mucho de los socialistas utópicos, es decir, los anteriores a Carlos
Marx, os escribo los más importantes, que son los que aparecen en el libro:
Henri de Saint-Simón, muy influyente y el más burgués, de familia casi
aristocrática; Charles Fourier, creador de los falansterios, lugares donde
convivían hombres y mujeres en total igualdad y donde la riqueza se distribuía entre todos; Robert Owen, que fundó algo
parecido a los falansterios pero sin amor libre, lo que los hizo más
aburridos y con menos integrantes; Étienne Cabet, que propuso crear un nuevo
estado, territorio o país en alguna zona del mundo, donde todo se organizara y
repartiera en paz (Una especie de Marinaleda de hace 200 años. Lo que pasa es
que los cabetistas no sabían cultivar la tierra. Sobre este experimento hay una
novela muy interesante que se llama, “ICARIA, ICARIA”, de hace muchos
años y cuyo autor no recuerdo).
El juego infantil, que ambos conocían y que lo
reencuentran cada uno en un momento distinto de su vida, es el que da título al
libro: “¿Dónde está el paraíso?”, pregunta un niño. “EL PARAISO (está)
EN LA OTRA ESQUINA”
El ejemplo y el legado de Flora Tristán
brillarán siempre en la historia del feminismo y la utopía. Y las obras de
Gauguin son y serán consideradas obras maestras de la pintura.
Después de tan arduas reflexiones que sepáis
que cumplimos con todas las costumbres hechas tradición en nuestras reuniones. Tras
una primera petición de bebidas muy modosita y sin alcohol, nos tomamos nuestra
botella de vino verdejo. La tapa que nos pusieron al principio, de patatas con
carne, estaba muy buena. La camarera simpática, nos trató bien. Nos abrió la
botella y nos llevó una heladera para mantener la botella entre hielo, cosa
casi innecesaria porque no damos tiempo a que el vino se caliente.
Concertamos la próxima reunión para el
miércoles 27 de mayo. La novela propuesta, es Violeta,
de Isabel Allende.
La tenéis en vuestros móviles o tablets pero
os avanzo que he empezado a leerla y estoy por cambiarla ya. Si habéis empezado
con ella dadme vuestra opinión.
La siguiente obre preferida, aunque hubo
empate, es La isla bajo el mar, de la misma autora.
El tema para la próxima reunión es cualquier novela que se desarrolle en Madrid fundamentalmente.












