martes, 6 de marzo de 2018

La lujuria de vivir. sesión del 27 de febrero de 2018



La 2ª tertulia del año nos deparaba una sorpresa inicial al menos para la mayoría de nosotros. Cambiábamos de escenario para situarnos en un acogedor café, que en Moncloa está dedicado nada más y nada menos que al protagonista de nuestra lectura: El señor Van Ghogh.
Las copias de un gran número de sus obras decoraban las paredes del café, en cada rincón, en cada columna, reconocemos algunas de las obras mencionadas en el libro. Los colores, los trazos, las intenciones de este artista entran en este caso por los ojos y no solo por las palabras.
Como siempre habidos de hablar, en fin para eso nos juntamos. Que si el libro es una biografía, que si el libro es una novela, que si el libro es una biografía novelada, por aquí empieza la conversación. No seguimos un orden establecido, aunque sabemos porque ya tenemos un cierto recorrido, que irán apareciendo uno tras otro los aspectos fundamentales de nuestra lectura.
Las referencias a las películas sobre Van Ghogh que también hemos tenido ocasión de ver, ayudan a encontrar aspectos comunes con el libro, complementarios e incluso otros un tanto diferentes. Quizá el más comentado tuvo que ver con las extrañas circunstancias que rodean la muerte del pintor.
Sin duda coincidimos en la particular personalidad del pintor, no somos tan osados como para definirla, pero Van Ghogh no fue un tipo corriente, más bien fue un tipo en busca permanente de su sitio, de su encaje en este mundo. Una persona extremadamente sensible, perfeccionista, tratando de dar en todo momento todo de sí mismo, sin escatimar esfuerzos. Claro que de un modo poco convencional.
Su enorme capacidad de sacrificio, sus experiencias frustradas con las mujeres, su malestar continuo por saberse mantenido, su esperanza en lograr el éxito con su trabajo, son aspectos que vamos comentando a medida que el que más y el que menos apura su trago de cerveza o de vino según el caso.
El libro avanza cronológicamente, va describiendo su etapa como comercial al amparo de su familia, su etapa religiosa, la sarta de sucesivos bandazos que le llevan poco a poco a la etapa que define su vida como pintor compulsivo, como aprendiz permanente, como sufridor constante.
En su relación familiar una persona destaca sobre todas las demás, su hermano Theo. Ambos han compartido una infancia muy especial, que marcará su relación a lo largo de sus vidas. Theo posicionado social y económicamente será el sostén permanente de su hermano. Consciente de la dificultad que Vincent encuentra para abrirse paso como pintor, jamás lo abandona, jamás lo desanima, y cree en él, confía en su forma de pintar, más allá de la pintura reconocida en su época.
Esta relación entre los hermanos Van Ghogh fue motivo de muchos comentarios entre nosotros, sobre la influencia que ambos se tenían entre sí, incluso nos aventuramos a llegar a especular sobre lo relacionado de sus respectivas muertes.
Comentamos también aspectos sociológicos, ideológicos y culturales de esos finales del siglo XIX. Como el libro describe la vida de los mineros, la miseria, el hambre, la explotación, la vida de las gentes que llega poco más allá de matarse a trabajar para malvivir, la indiferencia hipócrita de los poseedores, y al fin y al cabo la resignación de los desposeídos.
Reflejamos también la influencia de las tesis comunistas, después del contacto con los impresionistas en París. Vincent esta maravillado, absorto al contemplar el trabajo de los impresionistas (Degas, Manet, Monet, Cèzanne, Gauguin, Laurec, Lautrec, Seurat…) La vida de estos artistas no es precisamente exitosa en este momento, y deciden formar “El Club Comunista del Arte”, para vender sus obras en restaurantes a bajo precio. Pero los clientes no valoran en absoluto sus cuadros. Constatamos la realidad de dos mundos con pocas cosas en común. De un lado los artistas, los creadores, del otro gente corriente que viven en lo concreto, en lo cotidiano, sin aparente sensibilidad hacia la captación y expresión de la belleza.
Finalmente Van Ghogh se siente aturdido por los otros pintores y comienza otra etapa fuera de París, en Arlés. Esta decisión será transcendente para su obra creadora: La naturaleza, la luz, el Sol…la posibilidad de crear harán de Vincent su razón de vivir.
Otro de los aspectos más comentados en este momento fue precisamente la dificultad que existe para la colaboración entre dos o más artistas, a la hora de concebir las obras. Cada pintor refleja una percepción e interpretación de su dimensión creadora, que hace muy difícil el acuerdo con otros que tienen a su vez su propia manera de percibir e interpretar.
Esto nos lleva a seguir comentando la finalmente tortuosa relación con Gauguin en la Casa Amarilla. Vincent cada vez se muestra más desequilibrado, más radical. Socialmente se le conoce como Fou-rou, y terminará siendo ingresado por sus ataques epilécticos y agresivos. En sus momentos más lúcidos se empieza a percibir como una persona enferma, que tiene miedo a sus ataques y a la pérdida de control.
El atosigamiento el Dr. Gachet, la falta de motivación para pintar, después del esfuerzo sobrehumano que ha hecho para superarse como pintor, el no querer ser una carga más para su hermano Theo, después de que éste se casase y fuese padre, fue haciendo que Van Ghogh perdiera inexorablemente el enfoque de la realidad, lo que le lleva en última instancia a dispararse un tiro de revolver que acabaría con su vida.
En fin como todas nuestras tertulias, ésta no fue menos animada, seguimos disfrutando cada instante, participando activamente, centrándonos en detalles, en matices, en interpretaciones, y también disintiendo sobre ellos, cosa particularmente sana.
Así que apurando definitivamente nuestras bebidas, nos volvemos a citar para leer nuestro próximo libro: “Lolita” de Nabokov.
Gracias tertulianos



3 comentarios:

  1. Muchas gracias Emilio por esta entrada, por dedicar tu tiempo a resumir el libro y recoger los comentarios.
    Salud

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  2. Fantástica crónica, Emilio, muchas gracias, besos.

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