La 2ª tertulia del año nos
deparaba una sorpresa inicial al menos para la mayoría de nosotros. Cambiábamos
de escenario para situarnos en un acogedor café, que en Moncloa está dedicado
nada más y nada menos que al protagonista de nuestra lectura: El señor Van
Ghogh.
Las copias de un gran número de
sus obras decoraban las paredes del café, en cada rincón, en cada columna, reconocemos
algunas de las obras mencionadas en el libro. Los colores, los trazos, las
intenciones de este artista entran en este caso por los ojos y no solo por las
palabras.
Como siempre habidos de hablar,
en fin para eso nos juntamos. Que si el libro es una biografía, que si el libro
es una novela, que si el libro es una biografía novelada, por aquí empieza la
conversación. No seguimos un orden establecido, aunque sabemos porque ya
tenemos un cierto recorrido, que irán apareciendo uno tras otro los aspectos
fundamentales de nuestra lectura.
Las referencias a las películas
sobre Van Ghogh que también hemos tenido ocasión de ver, ayudan a encontrar
aspectos comunes con el libro, complementarios e incluso otros un tanto
diferentes. Quizá el más comentado tuvo que ver con las extrañas circunstancias
que rodean la muerte del pintor.
Sin duda coincidimos en la
particular personalidad del pintor, no somos tan osados como para definirla,
pero Van Ghogh no fue un tipo corriente, más bien fue un tipo en busca
permanente de su sitio, de su encaje en este mundo. Una persona extremadamente
sensible, perfeccionista, tratando de dar en todo momento todo de sí mismo, sin
escatimar esfuerzos. Claro que de un modo poco convencional.
Su enorme capacidad de
sacrificio, sus experiencias frustradas con las mujeres, su malestar continuo
por saberse mantenido, su esperanza en lograr el éxito con su trabajo, son aspectos
que vamos comentando a medida que el que más y el que menos apura su trago de
cerveza o de vino según el caso.
El libro avanza cronológicamente,
va describiendo su etapa como comercial al amparo de su familia, su etapa
religiosa, la sarta de sucesivos bandazos que le llevan poco a poco a la etapa
que define su vida como pintor compulsivo, como aprendiz permanente, como
sufridor constante.
En su relación familiar una
persona destaca sobre todas las demás, su hermano Theo. Ambos han compartido
una infancia muy especial, que marcará su relación a lo largo de sus vidas.
Theo posicionado social y económicamente será el sostén permanente de su
hermano. Consciente de la dificultad que Vincent encuentra para abrirse paso
como pintor, jamás lo abandona, jamás lo desanima, y cree en él, confía en su
forma de pintar, más allá de la pintura reconocida en su época.
Esta relación entre los hermanos
Van Ghogh fue motivo de muchos comentarios entre nosotros, sobre la influencia
que ambos se tenían entre sí, incluso nos aventuramos a llegar a especular
sobre lo relacionado de sus respectivas muertes.
Comentamos también aspectos
sociológicos, ideológicos y culturales de esos finales del siglo XIX. Como el
libro describe la vida de los mineros, la miseria, el hambre, la explotación,
la vida de las gentes que llega poco más allá de matarse a trabajar para
malvivir, la indiferencia hipócrita de los poseedores, y al fin y al cabo la
resignación de los desposeídos.
Reflejamos también la influencia
de las tesis comunistas, después del contacto con los impresionistas en París.
Vincent esta maravillado, absorto al contemplar el trabajo de los
impresionistas (Degas, Manet, Monet, Cèzanne, Gauguin, Laurec, Lautrec,
Seurat…) La vida de estos artistas no es precisamente exitosa en este momento,
y deciden formar “El Club Comunista del Arte”, para vender sus obras en
restaurantes a bajo precio. Pero los clientes no valoran en absoluto sus
cuadros. Constatamos la realidad de dos mundos con pocas cosas en común. De un
lado los artistas, los creadores, del otro gente corriente que viven en lo
concreto, en lo cotidiano, sin aparente sensibilidad hacia la captación y
expresión de la belleza.
Finalmente Van Ghogh se siente
aturdido por los otros pintores y comienza otra etapa fuera de París, en Arlés.
Esta decisión será transcendente para su obra creadora: La naturaleza, la luz,
el Sol…la posibilidad de crear harán de Vincent su razón de vivir.
Otro de los aspectos más
comentados en este momento fue precisamente la dificultad que existe para la
colaboración entre dos o más artistas, a la hora de concebir las obras. Cada
pintor refleja una percepción e interpretación de su dimensión creadora, que
hace muy difícil el acuerdo con otros que tienen a su vez su propia manera de
percibir e interpretar.
Esto nos lleva a seguir
comentando la finalmente tortuosa relación con Gauguin en la Casa Amarilla.
Vincent cada vez se muestra más desequilibrado, más radical. Socialmente se le
conoce como Fou-rou, y terminará siendo ingresado por sus ataques epilécticos y
agresivos. En sus momentos más lúcidos se empieza a percibir como una persona
enferma, que tiene miedo a sus ataques y a la pérdida de control.
El atosigamiento el Dr. Gachet,
la falta de motivación para pintar, después del esfuerzo sobrehumano que ha
hecho para superarse como pintor, el no querer ser una carga más para su
hermano Theo, después de que éste se casase y fuese padre, fue haciendo que Van
Ghogh perdiera inexorablemente el enfoque de la realidad, lo que le lleva en
última instancia a dispararse un tiro de revolver que acabaría con su vida.
En fin como todas nuestras
tertulias, ésta no fue menos animada, seguimos disfrutando cada instante,
participando activamente, centrándonos en detalles, en matices, en
interpretaciones, y también disintiendo sobre ellos, cosa particularmente sana.
Así que apurando definitivamente
nuestras bebidas, nos volvemos a citar para leer nuestro próximo libro:
“Lolita” de Nabokov.
Gracias tertulianos
Muy buena tu reseña de la reunión
ResponderEliminarMuchas gracias Emilio por esta entrada, por dedicar tu tiempo a resumir el libro y recoger los comentarios.
ResponderEliminarSalud
Fantástica crónica, Emilio, muchas gracias, besos.
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