Tertulia -26 abril-2023.
Antonia de Nieves Concostrina. Y, Los
Buscadores de conchas de Rosamunde
Pilcher.
Nuevamente reunidas dentro de nuestro último lugar elegido
para llevar a cabo la tertulia, el PANDO. Lugar amplio y fresco y aunque no es
tan entrañable como nuestro PEPE, nos estamos encontrando bastante a gusto en
él. Los camareros ya nos van conociendo y son amables. No hay tantas tapas y
tan abundantes como en el PEPE, pero al final con alguna ración que pidamos y
nuestras botellitas de vino lo llevamos bien.
Tuvimos la inmensa alegría de la asistencia de Olga. Estaba guapísima
y muy optimista ante el futuro ya que ha afrontado la primera parte de su
enfermedad con resultados muy positivos. Nos dio un alegrón verla con su pelito
corto, que le favorecía un montón, y con esa energía positiva que irradiaba.
Estaremos en contacto contigo, querida Olga, para darte todo el apoyo que seamos
capaces de transmitir. ¡Qué alegría nos distes viniendo!
Bueno, con tantas emociones nos costó entrar en faena, pero
al final nos centramos y comenzamos con los comentarios.
ANTONIA de Nieves Concostrina.
Una novela fácil de leer. La abuela le va contando su vida a
la nieta. El relato va hacia delante y atrás, introduciendo a personajes de
tres generaciones distintas, y los cortes a veces no están claros, por lo que
hay momentos en que el lector tiende a confundirse y no saber si se está
hablando de la abuela o de la madre.
La historia trascurre en el Madrid castizo, de las clases populares habitantes de la zona sur, con el mercado de la Cebada, la calle de Lavapiés y todos sus aledaños, y otras calles desaparecidas, como la del Águila, que es donde vive la familia de Antonia.
El estilo costumbrista de la autora nos recuerda al Galdós de
Fortunata y Jacinta. Por muy duro que fuera la vida de las clases populares en
Madrid, a principios de siglo XX, nada fue comparable al terror, los crímenes,
el hambre, la miseria y la injusticia de la posguerra. El mundo de las
corralas, ahora casi desaparecido, pero del que las integrantes de la tertulia
hemos conocido algunas, está ampliamente reflejado.
Riñas y solidaridad; pobreza y ayuda mutua; tristezas y alegrías
compartidas… ese era el día a día de la familia de Antonia. Como a todas las
familias pobres de Madrid les golpeó la guerra y ellos, que nunca se habían metido
en política, se vieron tan represaliados como los demás. Las torturas dejaron a
la madre de Antonia con un terror que le llevó a abandonar a su hija, y a
Antonia a cargar con un padre miserable, holgazán, sinvergüenza y maltratador
al que tuvo que cuidar hasta su muerte, que a todos los lectores nos parecía
que no llegaba nunca.
Como ya he dicho, en el libro se mencionan muchas calles del
barrio de Arganzuela. La calle San Pedro, es donde estaba el colegio religioso de
Antonia. La Iglesia también recibe su rapapolvo por la mezquindad de los curas
del barrio, déspotas, desconfiados y avarientos. No hay ni el más mínimo atisbo
de caridad cristiana en ellos.
Se aborda uno de los males endémicos de Madrid: la escasez de
vivienda. Si antes de la guerra suponía un problema por lo pequeñas que eran
las casas en las corralas, después de la guerra llegó el chabolismo masivo, con
la llegada de emigrantes del mundo rural. Se habla de los nuevos ensanches como
el de Villaverde y los chanchullos en la concesión de esas viviendas, con los
privilegios para los adictos al régimen.
La historia llega hasta los años 70, donde la inmigración a
Europa, e incluso a Australia, había supuesto un desahogo para las maltrechas economías
familiares madrileñas y españolas. Como curiosidades cuenta la historia de la
plaza de toros de Vista Alegre que por defectos en su construcción se le llamó “la
chata” y hoy destinada a eventos deportivos, políticos o musicales. También la
ampliación de la Gran Vía de San Francisco, que se llevó por delante varias
calles del Madrid castizo como en la que vivía la familia de Antonia.
Para nosotras que somos profesoras “nos llena de orgullo y satisfacción”
que en su madurez la protagonista aprenda a leer y escribir en un centro de
adultos. Y no solo eso, sino que tan espabilada que era, se interesara por el
mundo de la bolsa y fuera su afición comprar y vender acciones, invirtiendo rápidamente
las ganancias en cosas sencillas, pero de satisfacción inmediata: un vestido,
unas cortinas o una plancha…
Nos ha ocurrido una cosa curiosa con esta novela porque
realmente nos ha gustado a todas, pero al mismo tiempo se nos ha hecho muy
larga con lo que algunos no la han leído toda. De hecho, la habíamos terminado
Paloma, Francisca, Trini y yo. Bueno, a mí me quedaba un trozo, pero ya la
había leído hace algunos años.
Efectivamente es muy larga, pero a la vez son muy
interesantes las historias que cuenta, y que sí que son historias de amor. La
primera la de la pareja del pintor y la francesa Sofia. Después, Penélope y su
amor auténtico (no el de su marido), el oficial muerto en la guerra. Y, por último,
el amor de Olivia y Cosmos, aunque terminado abruptamente. También están las
historias de ayuda y comprensión entre Penélope y Antonia y la última historia
de amor entre los dos jóvenes, Antonia y Danus, que cierra el ciclo de parejas,
que transcurre por dos tercios del siglo XX.
Los capítulos están ordenados por los nombres de los
personajes que van apareciendo, y cada uno de los personajes totalmente
redondos, presenta unas características sicológicas distintas. El esnobismo y
vacuidad de Noel contrasta con la sinceridad de Danus, el joven jardinero.
Nancy y su deseo de aparentar es el contrapunto de Olivia tan radicalmente
realista y resolutiva.
Esta Olivia, hija preferida de Penélope, es la superwoman de
la novela. Triunfadora, renuncia al amor por su deseo de independencia, y es bastante
condescendiente con los demás. No se sabe si nos la quieren presentar como el
modelo ideal, pero tampoco es que caiga muy simpática.
El ambiente inglés, suave, verde, ese toque de té de las
cinco que saben dar los británicos a todo lo que hacen, convierte la novela en
algo agradable y grato a los sentidos. La Segunda Guerra Mundial, con sus escaseces
materiales y el dolor que provoca a Penélope por la muerte de su madre en los
bombardeos, no llega ni a rozar la extrema violencia que refleja el relato
antes comentado, de Nieves Concostrina, sobre nuestra guerra y posguerra civil.
A todos nos han gustado las descripciones y menciones de
lugares de Inglaterra, concretamente de Cornualles, así tenemos Porthkerris, un
lugar muy mencionado, donde Lawrence pinta “Los buscadores de Conchas” que da
título a la narración.
Creo que he recogido todo de lo que se habló en la tertulia y una vez que no tuvimos más que decir sobre los libros, nos dispusimos a elegir las novelas para el mes siguiente. El tema era la costura, la moda, algo que tuviera que ver con las telas y la confección. Salieron elegidas: Vestid, vestid, malditos de Monserrat Valls y Juan Genovés. Y, La modista de la Reina de Catherine Gennec.
El día fijado para la siguiente reunión es el 23 de mayo a
las 7 en el Pando y elegiremos libros de Luisa Carnés. Y en esa tertulia concretaremos la visita a Valladolid del 10 de junio.
Esperamos que pueda venir Olga.


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