TERTULIA 29 de octubre de 2025. EN EL CAFÉ DE LA JUVENTUD PERDIDA de Patrick Modiano y LA TABERNA DE SILOS de Lorenzo G. Acebedo.
Ya estaba Francisca en el lugar, que
como fue la primera, estaba preguntando por el grupo. A Emilio nos lo habíamos
encontrado en nuestra marcha hacia la calle Tortosa y bastante despistado había
cogido otra calle, con mal rumbo. Olga y Alba llegaron enseguida y Paloma
sabíamos que se retrasaría. Trini, la ausente, con su arreglo de boca, no pudo
ir con gran disgusto de todxs. ¡Te queremos Trini!
Quisimos hacer tiempo hasta que llegara Paloma y empezamos por el que menos nos había gustado.
EN EL CAFÉ DE LA JUVENTUD PERDIDA de Patrik Modiano.
La opinión fue bastante unánime: no
nos había gustado a casi nadie. Digo casi, porque en esa opinión hubo sus
matices, como no puede ser menos en una tertulia tan interesante y variopinta
como es la nuestra.
José Antonio, lo había leído dos
veces, pues la primera se quedó, como todos, con cara de tonto, pensando qué
era eso que había leído.
Son cuatro las personas, incluida la
protagonista, que nos van relatando los hechos según su punto de vista y su
situación en lugares y momentos diferentes. Es, por tanto, un experimento literario
polifónico ya que los hechos que cuentan esos cuatro narradores no son los
mismos, ni los lugares, ni el momento. De ahí tanta confusión.
En principio todo gira en torno a la
joven protagonista, Jacqueline, apodada Louki. De ella y de ese bar en
París, Le Conté, donde se encuentran algunos bohemios, hablan los relatores
cuyos nombres no he cogido, pero que son el marido de Louki, un detective
contratado por él, un bohemio, Roland, que se enamora de ella y la misma Louki. Todos se reúnen en ese bar, pero no
hay casi ninguna conexión afectiva, ni vinculante entre ninguno. En ese lugar
es donde cae de casualidad la protagonista Jacqueline.
Los sentimientos de soledad y desarraigo
son comunes en todos esos personajes, pero no son capaces de expresarlos, con
lo que esa reunión da la impresión de ser un grupo de solitarios que les gusta
sentarse unos junto a otros, pero ahí termina su unión. Conversaciones banales
y sin ninguna profundidad. No quieren saber unos nada de los otros. Y, además,
son los “ausentes”, como si no existieran para la sociedad.
La protagonista es un modelo de
abandono desde niña. Como su madre trabajaba en el Moulin Rouge no pudo
ocuparse de ella y Louki vagaba por la noche a la aventura y en alguna
ocasión la detuvo la policía. Padre desconocido, acoso escolar, etc. encuentra
un pequeño refugio en ese local donde nadie pregunta nada, ni tienen interés
por saber de los otros.
El escritor ha querido representar el
mundo de la Bohemia parisina, tan idealizado por otros, pero que Patrick Modino
presenta con los tintes de una auténtica soledad y desamparo, que son las
características de la joven protagonista. En fin, los protagonistas están tan
perdidos que como referencia literaria se menciona la obra Horizontes perdidos
de James Hilton.
El relato da mucha importancia a los
recorridos por las calles de Paris. A Alba le ha gustado toda esa parte en que se
recorre sitios emblemáticos de la capital y se deambula por las calles más populares
tanto de barrios centrales como periféricos. Le ha recordado el París que ella
conoció en su primera visita a la capital de Europa en aquellos tiempos de su
cercana juventud. Síííí, esa maravillosa ciudad era la capital de Europa, el
espejo donde nos mirábamos y admirábamos los españolitos que viajábamos. Sniff,
sniff. Tiempo pasado. Hoy la capital de Europa es Guasinton. Sí, la
escribo así porque quiero. Perdón que me he ido. Es que hablo de París y soy
como Alba. Me emociono.
Olga comenta que cuando lee un libro
necesita que le cuenten una historia y aquí no había forma de meter mano.
Bowing, El Capitán, el
escritor de la tertulia, lleva un cuaderno desde hace varios años donde recoge el
nombre de los clientes y lo que él considera importante de cada uno de ellos,
lo que denomina “los puntos fijos”. Todo esto lo cuenta Jose, que es el que más
se ha enterado de la trama y ha puesto algo de interés en descifrar que es lo
que pasa con esa gente.
Se puede sentir una gran pena por la
joven protagonista, por su soledad y por su vida errante, pero ella tampoco
cuenta gran cosa de sus vivencias ni sentimientos. Aparecen las drogas con su
amiga Jeanette y no se sabe si Jacquelin también lo hace habitualmente.
El suicidio de Louki tirándose
por una ventana fue totalmente inesperado porque daba la impresión de que había
encontrado una estabilidad con Roland. El autor juega con esa idea que puede
tener el lector de qué es lo normal y qué es la estabilidad. Pero para estos
seres, parisinos, bohemios, desarraigados, la estabilidad no es un valor. Ni
siquiera la buscan.
En fin, lo más sorprendente de esta
obra es que haya habido tertulianos, Jose el que más, pero también Emilio, que
es muy disciplinado, y Francisca lo mismo, y hasta Alba, por eso de que le
recordaba París, que se la hayan leído minuciosamente, Jose hasta dos veces, y
hayan sido capaces de dar una opinión sobre la escritura, la forma y los
personajes. ¡¡¡Sois admirables, chicos!!! Yo me adhiero a los que han
considerado la novela un tostón de cabo a rabo. No la quité porque era cortita
y mientras piensas “de qué va esto…” ya la has terminado.
Por cierto, investigando en la obra
de Patrick Modino, resulta que es un escritor premiado con el Goncourt en
Francia y con el mismísimo Nobel. Pero la verdad es que en esta novela
no se ha lucido mucho…
LA TABERNA DE SILOS de Lorenzo G. Acebedo.
Bueno es empezar el comentario de
esta novela con el cuarteto que todas teníamos en mente pero que ninguno
recordábamos y es más o menos así:
Voy a escribir un verso en román paladino
Con el suele el pueblo hablar con su vecino
Bien me vendrá como pago
Un vaso de buen vino.
He puesto la métrica como he considerado
mejor. Esto estaba escrito en un “román paladino” del siglo XIII y por supuesto
en cuaderna vía (ya sabéis, 14 sílabas métricas). Lo escribió Gonzalo de Berceo,
protagonista y narrador de esta novela.
A diferencia del libro anterior, este
ha merecido todos los elogios. Ha sido una lección de historia, de la que no se
cuenta en los libros, pues nos está contando las miserias que se escondían en
los monasterios medievales, donde las luchas por el poder dentro del propio
recinto monacal eran manifiestas y la lucha por la supremacía religiosa y
política en los territorios cristianos entre los monasterios y los obispos, (estos
últimos puestos por el Papa con conformidad del Rey) se llevaba a cabo de forma
continuada y más o menos solapada.
La ambición de unos y otros hace que se lleguen a cometer varios crímenes dentro del monasterio que el monje Gonzalo de Berceo, protagonista del relato, termina desentrañando con la ayuda de los únicos monjes honrados del convento, dos individuos muy peculiares, el escultor, gangoso, Bermudo, y el medio moro, manco, Lope.
Me dejé llevar por el entusiasmo
general y casi no tomo notas. La verdad es que todo el grupo coincidíamos en lo
interesante que había resultado la historia.
A parte de la resolución de los
crímenes el libro nos aporta toda una lección de cómo se copiaban los libros en
el medievo. La imagen de cada monje copiando en su escritorio había pasado a la
historia. La fórmula ahora era uno que leía dictando para que otros varios
copiaran el mismo libro. Ya había un pequeño negocio con la elaboración y venta
de pergaminos. Se llamaba pergaminería. También es interesante todos los útiles
de la escritura que se citan, desde los pinceles, plumas, buriles y la elaboración
de tinta.
Pero lo realmente interesante es todo
lo que se refiere a la elaboración del vino. Curiosamente, es el tal Lope, más
moro que cristiano, el que sabe cómo hacerlo a la perfección, desmintiendo esa
fábula de que el islam prohíbe el alcohol. Lo que prohíbe es la embriaguez.
A parte de los personajes mencionados
anteriormente, Lope y Bermudo, aparecen otros como el abad Martin y su ayudante
y amante Muño; el prior Adulfo, el más taimado, de modales suaves y
escurridizos, pederasta y asesino, como se descubre al final; y Azaro, el más
odioso de todos, fanático, sádico y sicópata.
Azaro es el típico monje medieval que
encubre sus perversiones y crueldad haciéndolas pasar por virtudes. Para no
pecar, siguiendo el ejemplo de otro fanático eremita, se castra, como descubre
de forma tardía y dramática Gonzalo. Su desprecio por el cuerpo y su maldad,
hacen que disfrute mutilando a otros cristianos, como al mismo Lope al que le cortó
el brazo para que no tocara música. Es el personaje más odioso, en un mundo de
personajes odiosos y retorcidos como es un monasterio, en donde debería reinar
la paz y la fraternidad.
Por supuesto el amor carnal entre los frailes es moneda común. Como también el abuso a los niños como al joven Deogracias, que finalmente es salvado por Gonzalo y Bermudo.
El monje Gonzalo en esto tiene una
sexualidad normal. Es decir, vive en San Millán de la Cogolla con una manceba,
cosa que está totalmente admitida en aquellos tiempos, y siente una atracción
muy fuerte pero reprimida por Leo, la protagonista femenina de la novela, joven
e inteligente, que se camufla como fraile para averiguar el destino y contenido
del testamento de su padre.
El otro personaje femenino de la obra
es la morisca Fátima. Leo y Fátima saben desenvolverse en un mundo patriarcal,
dominado por las supersticiones y la misoginia. El número que monta Fátima para
parecer endemoniada y que se luzca el hipócrita Adulfo es meritorio: convenció
a todos, aunque luego la falsedad se la confesó al monje Gonzalo.
La obsesión por el sexo está presente
en muchas actuaciones, pero también se ve en los capiteles de monstruos que
adornan las entradas. Las arpías, las serpientes, el pecado de Adán y Eva, etc.
todo esculpido en piedra.
La confesión que obligan hacer a
Berceo con el libidinoso y torpe fray Antonio, que escudriña los detalles más íntimos
y morbosos de cualquier acto, refleja lo que ha sido la confesión a través de
los siglos: una fuente de información y poder para el sacerdote y una forma de
saciar su sexualidad reprimida.
Volviendo al vino, Gonzalo de Berceo
había encargado que llevaran dos barriles para regalo del Abad de San Millán de
la Cogolla al de Silos. Los barriles por fin llegaron después de muchas peripecias.
Era tan superior el vino del monasterio de las tierras que hoy conocemos como
La Rioja, al vino de Silos, que Berceo se queda una gran cantidad para él y
otra la ofrece a sus amigos, sobre todo a Lope que sabe distinguirla y
compararla con el vino de malísima calidad que elaboran en Silos. Gonzalo terminará,
a petición del nuevo abad de Silos, mandando unas cepas riojanas a dicho monasterio.
Increíblemente el vino era más
importante que el agua ya que ésta estaba totalmente contaminada y era origen
de todo tipo de enfermedades, por tanto, era imprescindible en la vida
cotidiana de los monasterios y de todas las poblaciones.
Berceo nos narra esta historia ya en
su vejez. Cuando han pasado muchos años desde que habían ocurrido estos hechos.
Para situar estos hechos en el tiempo histórico, Berceo nos da un dato, la
batalla de las Navas de Tolosa en la que años atrás, en su juventud, habían
coincidido Lope, Azaro y el mismo Gonzalo, llevados por sus deseos de lucha
contra los árabes. Esto ocurrió en 1212. Por tanto, los hechos que ahora nos
relata ocurrirían aproximadamente a mediados del siglo XIII, y el momento en
que los escribe sería a finales del XIII. No hay que perder de vista que Berceo
es el narrador ficticio.
El escritor elige una estructura de
capítulos por los 17 días que pasó Berceo en Silos. Pero el segundo de los capítulos,
no es la llegada a Silos, sino el que titula “La cena caníbal” que tiene lugar
el día 10. Está claro, Lorenzo Acebedo quiere comenzar con algo impactante. Pero
al no estar el lector metido en materia, estos hechos quedan desdibujados y
casi olvidados a lo largo de la lectura, con lo que al final en la resolución
de los asesinatos es un poco complicado introducir el segundo capítulo que es
precisamente en el que Gonzalo empieza a cuadrar las causas y los motivos de
estos crímenes y quien puede ser el autor.
Francisca copió una frase dicha por
el monje narrador, para definir el espíritu religioso de la época: “La
sangre mala estaba en los monasterios y la cultura y el lujo eran la espuma
nacarada del siglo”. Desde luego entre los monjes de entonces, y no se sabe
muy bien si los de ahora (Emilio tiene más referencias de los monjes en la
actualidad), no se atisba ni el más mínimo sentimiento religioso.
El autor de la obra estudió teología
y posiblemente estuvo en algún monasterio. Es su primera obra y está claro que
sabe de lo que habla. Ahora ha publicado La Santa Compaña
El lenguaje es reposado, con frases
largas como no puede ser menos si el protagonista narrador es una persona
medieval. Choca un poco al leerlo, y hay que hacerlo despacio para entender la
frase, no porque sea difícil, pero si más larga de lo que estamos
acostumbrados. Yo confieso que lo leí dos veces porque la primera me di cuenta
que no me había enterado bien de lo que iba, pero tuve esa sensación que
merecía la pena volverlo a leer y no me arrepiento.
Creo que todos lxs tertulianxs
dijimos y hablamos de todo, porque el libro da para comentar largo y tendido,
pero yo estaba también tan entusiasmada que no tomé notas de lo que decía cada
uno. He intentado reflejar todo lo que allí iba saliendo sin dejarme nada y
alguna puntuación la he hecho por mi cuenta, pero siempre teniendo en cuenta lo
que se comentó.
Resumo el resultado de las votaciones
para elegir la obra de teatro a comentar en noviembre. Elegimos: Los Justos de Albert Camus,
y Muerte accidental de un anarquista de Dario Fo.
Próxima reunión el miércoles 26 de
noviembre.
Tema para proponer libros el próximo
día: la novela social. Esto es un guiño a Alba y Francisca que se creían que
ese era el tema para esta tertulia y ya venían con sus novelas preparadas.











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