TERTULIA de NOVIEMBRE. 26 de noviembre de 2025
LOS JUSTOS de Albert Camus y MUERTE ACCIDENTAL
DE UN ANARQUISTA de Dario Fo
-Madre mía, ¿pero toda esta gente está
aquí? ¿En este bar? ¡!
Para mi sorpresa toda la puerta del
local estaba ocupada por clientes con el vaso en la mano, fumando o charlando.
¡Con lo vacío que había estado el mes anterior! No me esperaba esto. Y el
interior tan abarrotado como la puerta.
Nos encontramos con Francisca que
llega en ese momento, igual de sorprendida, y con el griterío beodo de los
clientes que llevaban celebrando sabe Dios qué desde varias horas antes, nos
abrimos hueco hasta el fondo y nos dicen que en el entresuelo hay un espacio más
tranquilo. Allí estaba Trini, pero el sitio es pequeño y no cabemos las ocho
personas. Así que al final nos hacen un espacio amplio al fondo del bar debajo
de la televisión que ante nuestra insistencia tienen a bien apagarla ante la
felicidad de todas…que duró poco, pues los alaridos de júbilo y desenfreno –deben
haber cobrado ya la paga navideña- de toda la clientela bastante achispada,
como ya he dicho antes, atronaban nuestros oídos, mientras esperábamos a Alba y
Paloma.
Olga nos contó brevemente su viaje a
Nápoles. Como en todo viaje, hay cosas que te gustan más y otras menos. Le
impresionó Caserta. Y para sorpresa de todos: ¡había ido sola! ¡Olé las mujeres
valientes! Me recuerda a mi amiga Carmen y a mi hija, que cogen su mochila y
recorren todos los sitios que consideran interesantes, guiadas por sus gustos y
deseos, sin miedo y sin cortapisas. No todas nos atrevemos.
Alba llegó y aún sin Paloma comenzamos
el comentario de una de las obras teatrales.
LOS JUSTOS de Albert Camus.
Comienza Olga los comentarios. La obra
le ha gustado mucho. Es corta y contundente. Los diálogos concisos y claros. No
hace falta buscar segundas interpretaciones. Cada personaje refleja su forma de
pensar y de entender su lucha: por ejemplo, el atentado para matar al Duque se
frena en el último momento cuando el terrorista ve la presencia de los niños en
el coche.
A partir de aquí, las conversaciones se centran en la conveniencia o no, de este tipo de actos, cuando mueren personas inocentes ajenas a la opresión que sufre el pueblo. Las interpretaciones de cada uno de los del grupo sobre la necesidad o no de la violencia como medida política para cambiar la situación de pobreza e injusticia en la que está sumida la Rusia zarista se suceden y se resaltan las contradicciones de los distintos personajes.
Destaca el personaje de Dora, la única
mujer del grupo, que aun siendo tan revolucionaria como todos los demás da un
toque de ternura a esas ideas, un tanto femenino o maternal. Aunque también,
como todos ellos, está dispuesta a sacrificarse por la causa: un cambio radical
en Rusia, que lleve a un país y un mundo mejor.
La obra se centra en los personajes.
Es muy escueto el autor en describir objetos o cualquier otro elemento de la
sala donde tienen lugar los diálogos. Ahí ellos se plantean si el ideal
revolucionario puede llegar a ser deshumanizador, y en ese caso si debe
llevarse a cabo, cuando conlleva el rechazo de aquellos a los que piensa
favorecer.
Los acontecimientos son traídos a la
actualidad por los tertulianos, intentando ver las similitudes con los hechos
que están ocurriendo, como el genocidio de Palestina, los atentados de ETA, la
resistencia de Hamás, etc.
Aquí se debe recordar que esta obra
está escrita por Camus cuando ocurrió la invasión de Hungría en el 1956. El
autor que era del Partido Comunista se planteó la moralidad de las ideas
revolucionarias si éstas llevaban a que murieran inocentes. La extrapolación a
las situaciones de la actualidad es muy forzada. En aquel entonces no había
aparecido la palabra “terrorista”. Curiosamente aparece cuando los palestinos
se organizan en el 70, o poco antes, para luchar contra el expansionismo
israelí.
Siguiendo, con el teatro, resalta Francisca, cómo los protagonistas se autodenominan “justos”. Son los que defienden la justicia para todos: “para nosotros que no creemos en Dios necesitamos la justicia”, llegan a decir. Son jóvenes, idealistas, actúan por amor a Rusia a la que creen que matando al Duque pueden salvar de la ignorancia y la miseria.
Como al final, en la segunda intentona,
perpetran el atentado y matan al Duque, la segunda parte de la obra vemos al autor
del atentado en la cárcel, donde evita delatar a sus amigos por mucho que le
presionan y le ofrecen. Entre las mentiras con las que pretenden presionarlo,
destaca la aparición de una mujer que se hace pasar por la viuda del Duque. Con
la excusa del perdón intenta sonsacarlo, pero el acusado no cae en la trampa.
Es ahí donde hay otra serie de diálogos interesantes sobre justicia, perdón y
Dios. El anarquista echa a la falsaria y se reafirma en sus creencias y en su
sacrificio. Él, como todos los revolucionarios rusos condenados, rechaza
el indulto y muere confiado en que su
sacrificio será beneficioso para Rusia.
MUERTE ACCIDENTAL DE UN ANARQUISTA de Dario Fo.
Parecía que los ruidos se habían
apaciguado en el bar. Los escandalosos de los primeros momentos habían ido
saliendo y se estaba dando paso a otro tipo de clientes, un poco mas
silenciosos pero que tenían unos interese determinados de los que éramos
totalmente ignorantes. ¡Iban a ver el fútbol! ¡Había partido y nosotras
estábamos justo debajo del televisor! Tuvieron la delicadeza de no ponerlo tan
alto que nos pudiera molestar a las tertulianas. De hecho, yo me di cuenta de
que algo pasaba cuando noté las miradas reprobatorias de los aficionados que
nos miraban con cierto estupor. Pero, nosotras como si nada seguimos con lo
nuestro. Pedimos para amenizar un cachopo para repartir y nuestra botella de
Rueda. Y seguimos tan felices.
Esta obra, bastante más larga que la
anterior, parece que no gustó tanto como esa. Dario Fo, toma como tema de su
obra un atentado de extrema derecha ocurrido en Milán (el año anterior a su
estreno en 1970) y la posterior muerte del anarquista Pinelli a manos de la
policía, para hacer una de sus sátiras más feroces contra el sistema político-policial
de la República italiana.
Para comenzar y por miedo a la
prohibición de su obra, sitúa la acción en USA en el 1921 donde ocurrió un
hecho similar: la defenestración de un detenido acusado de un delito de
terrorismo. Para cualquier entendedor los hechos criticados eran los ocurridos
en Milán un año antes.
La tragicomedia es un modelo de
interpretación de Fo, haciendo diversos papeles. Como hilo conductor está el papel
de un loco que asumía varios personajes dándoles unas formas esperpénticas: el instructor,
el jefe de policía, el obispo, el señor con barba y el más genial de todos el
de juez. Esta variedad de personajes hace, según los tertulianos, que el
mensaje sea muy confuso. No se llega a entender en qué personaje está.
El loco, en su interrogatorio a los
policías, va consiguiendo que poco a poco, y remarcando sus contradicciones,
vayan diciendo en la sala de interrogatorios la verdad de lo que ocurrió.
Hay muchas reflexiones que sí pueden
ser aplicables a la sociedad actual: ”Al ciudadano de a pie no le interesa que
la mierda desaparezca. Cuando aflora ésta, firma alguna carta y protesta, para
luego confiar en que el sistema lo solucionará. Y así seguir sin complicarse
mucho la vida.” Hay frases como perlas, que algún tertuliano las ha subrayado (lo
siento, no recuerdo todas). Entre éstas está precisamente la de la mierda y
otras como: “El escándalo es consustancial a la sociedad capitalista… La
corrupción también, pero la corrupción no es igual para todos…” Todo esto
puesto en boca de un loco, que como acepta que lo está lo dejan hablar.
Los policías, reflejados como seres
mentirosos, torpes y desconcertados, utilizan la palabra “rapto” para definir
la acción que llevó supuestamente al anarquista a tirarse por la ventana. Queda
de manifiesto que esta palabra no tiene ningún significado que justifique tal acción.
Los distintos personajes que adquiere el loco van desentrañando con sus
continuas ironías las mentiras policiales que intentan encubrir el asesinato.
La periodista y el papel de los medios
tampoco se libran de la crítica. En principio pueden colaborar para esclarecer
la verdad, pero les pierde su afán de sensacionalismo, protagonismo y, sobre
todo, la exclusiva.
La aparición de un objeto que creen
una bomba les asusta. Resulta ser una grabadora. Juega el autor con que una
grabadora donde se reproducen confesiones verídicas de las personas que en otra
situación mentirían puede ser una autentica bomba, más peligrosa que la bomba
real.
La sátira está presente de principio a
fin. Dario no se corta a la hora de retratar todos los abusos que pueden darse
para condenar a un inocente: búsqueda de pruebas falsas, malos tratos, medios
de comunicación encubridores, jueces corruptos….
Al final al loco, lo tiran por la ventana. No podía terminar de manera más realista.
Fuera ya de la obra, la información verídica sobre los sucesos de Milán es que se descubrió a los verdaderos culpables y que no tenían nada que ver con el anarquista asesinado.
Estuvo muy bueno el cachopo y el vino.
En el bar reinaba un cierto silencio, roto por la retransmisión del partido en
la gran pantalla televisiva que estaba con un sonido tan discreto que no nos
enteramos de lo que ocurría en el estadio, pero al parecer los aficionados si
se enteraban de nuestras conversaciones, por lo que observé al darme la vuelta.
Bueno estábamos en la recta final de
nuestra reunión proponiendo y votando los libros para la próxima tertulia. Salieron
elegidos: Hasta que empiece a brillar de Andrés Neuman y Silencio
administrativo de Sara Mesa.
La próxima reunión será el 21 de enero
de 2026. En el mismo sitio, que con la cuesta
de enero estará bastante más vacío. Pediré a Floro los libros, que a veces no
es necesario ni que lo haga pues en cuanto los escribo en el whatsapp los
envía.
Le ha llegado la lotería y nos da las
gracias. Un privilegio contar con él.
Chicas: ¡¡Un nuevo año nos espera!!












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